Héctor Fieramosca (fragmento)Massimo D'Azeglio
Héctor Fieramosca (fragmento)

"Continuaron los dos campeones la carrera para volver a encontrarse del otro lado, e Iñigo, tirando con coraje el trozo de lanza que le había que dado, cogió otra al pasar. A la segunda prueba, los golpes fueron iguales. Iñigo, para sus adentros, dudó si la cortesía del caballero francés no le impediría emplear toda la maestría de su arte. A la tercera carrera, esta duda se convirtió en certidumbre. Iñigo rompió la lanza a la vista de su rival, y éste le rozó apenas la sien con el hierro, viendo bien a las claras que el hecho no era involuntario. Sonaron las trompas y los vítores, y los heraldos proclamaron igual el valor de los dos combatientes, que marcharon unidos hasta el
palco de doña Elvira para rendirle reverencia. Mientras ella los acogía con palabras de elogio, no eran menores las de Gonzalo ni las del duque de Nemours, que decía a los dos campeones:
-Chevaliers, c'est est bel et bon.
Iñigo era de aquellos que en cualquier otra cosa se le podía vencer, pero nunca en generosidad. Quiso por esto hacer patente la cortesía usada por Bayardo; éste, con la modestia que siempre acompaña a la virtud, negaba obstinadamente, afirmando haber hecho cuanto podía. Ante esta emulación de cortesía, Gonzalo, interviniendo, les dijo:
-Escuchándoos, caballeros, puede caber a duda de cuál de vosotros ha justado hoy mejor; pero lo que en modo alguno puede dudarse es que haya en el mundo dos hidalgos más nobles y generosos que vosotros. "



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