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La colina misericordiosa (fragmento) "En definitiva, hubo un colapso, el corazón falló, y un día de abril mi hermana fue incinerada y sus cenizas sepultadas en el soleado y bien cuidado cementerio de nuestro pueblo...Me siento como si mi espíritu pendiera y se hubiera desprendido del gélido pavimento listo para precipitarse. Tu mano es mi único sostén y pienso en ello, como si realmente lo necesitara y me siento dichosa. [...] ¿Por qué los editores tienen que caminar siempre como caballos de batalla desgastados en el reino del ser humano común: alabando sin confianza a las anémonas en primavera, escribiendo con condescendencia sobre los “placeres del baño” en el estío, entonando frugales loas en el otoño y sumiéndose en un silencioso sentimentalismo sobre las luces navideñas en invierno? Realmente, quedamos deslumbrados por la abundancia de luz que el cerro vertía sobre nosotros, deslumbrados por sus flores, enamorados de cada arbusto florido, de cada abejorro, de cada nube. [...] Me había propuesto convertirme en una colina, y eso era lo que quería aprender. Así que un día regresé de las montañas, y en mi cabeza había una colina que yo había colocado allí. Y yo dije: Todo estará bien, amigo. Primero, quería aprender a comer como una colina y dormir como una colina. También quería aprender a respirar como una colina. Y argüía que se puede escribir un libro por diversos motivos: por vanidad, por pobreza o por un impulso interior. Por mi parte, quisiera señalar el significado de una frase que así de alguna parte, probablemente sólo digerida a medias y que entendí así: Un bailarín baila, el artista crea y da forma, el músico toca o marca notas y la razón de ello es que todos llevan dentro de sí una creciente tensión de la que les gustaría liberarse." epdlp.com |