|
De parte de la princesa muerta (fragmento) "Selma se ahoga, pero por nada del mundo quisiera estar en otra parte: ¡así que ésta era su nueva patria! Ya lejos de los salones de mármol blanco y de las fuentes del hotel Taj Mahal donde la llevaron a descansar después de bajar del barco, es ahora cuando pisa verdaderamente la India. Con los ojos desorbitados, intenta grabarse el desfile de imágenes que se entrechocan bajo el sol, en un violento abigarramiento de colores: el escarlata de los anchos turbantes de los porteadores que desaparece bajo inestables pirámides de equipajes; el azafrán suntuoso del traje de los «renunciantes»; el rojo y oro de las recién casadas; la grisalla de las nubes de mendigos que se precipitan alrededor de las manchas blancas formadas por las kurtahs inmaculadas de los viajeros de primera clase. Selma tiene la impresión de que va a estallar de un exceso de belleza, de fealdad… Ya no distingue, no comprende nada de aquella miseria llevaba con soberbia ni de aquella multitud a la vez ingenua y cruel: ¿no ha visto hace un rato caer a un viejo y a la multitud impávida seguir avanzando como movida por el sueño de un ciego?" epdlp.com |