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Caminar por aguas cristalinas en una piscina pintada de negro (fragmento) "Un terremoto me hizo rodar por el colchón y me lanzó al suelo. Me despertó a mí y al resto de San Francisco. No era nada extraño si se tenía en cuenta la falla de San Andrés; la ciudad estaba llena de casas deformadas por temblores de años pasados. Este en particular alcanzó 5,6 grados en la escala de Richter a las diez de la mañana, una hora poco civilizada. Era demasiado temprano para levantarse, pero no quería seguir en la cama con este fulano con quien había hecho buenas migas el día anterior después de robar dos chuletones del supermercado Safeway, que cocinamos y comimos, pese a la molestia de los vegetarianos con los que compartía casa. Después de la carne bebimos casi cuatro litros de vino tinto barato de Napa y Sonoma y tomamos LSD: Owsley Purple Barrels. Pero ahora el sujeto sudaba demasiado y estaba manchando mi única sábana con los chorros de sudor que salían de sus poros. Lo que quiero decir es que su cuerpo no resistía el alcohol o las drogas, y eso me irritaba. Tenía que escapar. Fui silenciosamente al baño para no despertar a las once personas con las que vivía. Mis compañeros de piso estaban repartidos en cinco habitaciones (cinco si contábamos el porche acristalado que estaba junto a la cocina y que daba al deprimente patio de cemento). Compartíamos ese patio con otro edificio donde vivía Janis Joplin cuando cantaba con Big Brother and the Holding Company. Algunas mañanas logré divisarla en su cocina revolviendo ollas y sartenes. A veces hablábamos a través del abismo de hormigón, como dos amas de casa. Yo me maquillaba los ojos. Era una forma de evocar un período en que me embadurnaba toda la cara y me cardaba el pelo. Nadie usaba maquillaje en Haight… El único maquillaje visible era, quizá, una ocasional flor o un tercer ojo pintado en la frente. Pero nadie se pintaba los ojos. Una vez lista, salí a Haight Street buscando algo nuevo." epdlp.com |