Cartas de un viajero (fragmento)Iliá Chavchavadze
Cartas de un viajero (fragmento)

"Era mediodía cuando llegué a la estación de Lars. Desde Lars, mi corazón no podía recibir ningún placer especial, excepto que cuanto más me acercaba a la tierra de mi patria, más la naturaleza circundante añadía el color de mi país y Tergo se angustiaba y agitaba.
Entré en la sala vacía de la estación con ganas de tomar té, y por eso ordené que uno de los soldados con la pierna rota que hacía guardia en la última estación encendiera un samovar. Mientras traían el samovar, me tumbé en el destartalado sofá y me entregué a mis pensamientos.
Han pasado cuatro años desde que estuve en Rusia y no he visto mi país. ¡Cuatro años!... ¿Sabes, lector, qué cuatro años son estos cuatro años? Primero, es un siglo entero para alguien que ha estado separado de su país. Segundo, esos cuatro años son el fundamento de la vida, la fuente de la vida, un puente de piel, un puente entre la oscuridad y la luz, trazado por el destino. Pero no para todos, solo para quienes han ido a Rusia a entrenar sus mentes, a dar movimiento a sus cerebros y corazones, a hacerlos valer. Estos son los cuatro años que abren los brotes de la vida en las mentes y corazones de los jóvenes. Este brote es también el brote del que crecerán tanto un racimo hermoso y brillante como una uva de perro. ¡Oh, queridos cuatro años! Bendito sea quien no ha pisoteado el puente de piel que tú has tendido, bendito sea quien te ha ayudado en tu camino."



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