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Habitaciones separadas (fragmento) "Pensó en su madre y lloró. Pensó en la madre de su madre y en la madre de la madre de su madre. Y se sintió abandonado. Lloró de nuevo. Se veía como un feto abortado, zarandeado de un útero a otro a lo largo de millones de años. Ya no era Nadie ni Nada. Era una individualidad que sufrió en el devenir. Luego pensó que todas esas imágenes de madres, de vientres y por lo tanto de lenguajes que había aprendido no eran más que las figuras de una encarnación. Pensó que estaba volviendo a casa y eso le dio confianza. Estaba encarnándose de nuevo, a orillas de aquel mar, en su historia. Estaba descendiendo hacia sí mismo y este descenso mudo, sin palabras, se desarrollaba como un ajuste continuo de perspectiva. Era al mismo tiempo millones de vidas, pero cada vez más una sola vida. Ya no quería entender, lo aterraba intentar detener aquellas visiones como había hecho horas o siglos, o incluso eras antes. Se abandonaba a cuanto nacía en su cabeza. Era la angustia. Pero una angustia diferente de la que casi lo había matado horas atrás. Lo que había experimentado, en su misma sustancia biológica, era la soledad cósmica, la confusión, la Nada. [...] Sigue viviendo sin Thomas. Leo sin Thomas. Es inconcebible. Significa sólo una cosa: que también Leo ha muerto. Y no en el otro, que en cambio ha llegado fiel al final de su existencia. Sino precisamente en su ideal. Porque él está destinado a seguir, y de esta manera a matar, día tras día, aquella unidad armónica que se llamaba Leo-y-Thomas, que ya no existe ni podrá existir...Así Leo, cuando hojea los atlas desperdigados por su apartamento en busca de una meta para su próximo viaje, piensa que se ha inventado una forma de amor en la que cree y a la cual no pide mucho; lo mismo que ha sucedido con su sentimiento religioso, desterrado en un espacio no de verdad, sino de búsqueda, está sucediendo con el amor: la seguridad de que no encontrará jamás la paz y de que, para los que son como él, nada será jamás suficiente." epdlp.com |