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Gala – Dalí (fragmento) "Gala había dedicado toda la vida a escapar del pasado y vivir el presente y ahora se aferraba justo a todo lo contrario, defendiendo el presente frente a cualquier otra época. No era imposible intervenir en el tiempo, para ella nada era imposible... si se lo proponía. Por eso la solución pasaba por eliminar los espejos antes de que el paso de los años se metiera en su espíritu y el presente en el castillo se volviera en su contra. Era más eficaz detener el tiempo que borrarlo, no había duda. Los espejos eran una prisión temporal y ella desde niña solo había luchado por ser libre. Para qué los quería. Los retratos, las fotografías de años anteriores mostrarían el reflejo que esperaba, el que ella recordaba y conocía, el que sentía como propio, el que mostraba a la verdadera Gala, aquella que fue un día. La Gala que viajaba, la Gala que sugería, la Gala que decidía, la Gala que obligaba, la Gala que negociaba las más favorables compraventas, la Gala que hacía el amor sin descanso... la Gala que se sentía dueña de su destino y dirigía el de muchos otros. El espejo no duplica, no refleja, en realidad desdobla, pero ella está sola y no necesita dobleces en Púbol. El castillo es enorme. Y ella, la dueña y señora, no tiene caballero que la acompañe. Quizás es mejor de este modo. En realidad, su vida siempre ha sido así, siempre ha estado sola. El espejo desdoblaba al otro. Salvador no es más que un mero reflejo de ella misma, como lo fueron Paul y tantos otros que pasaron por su vida. Y ahora huye de los reflejos, de los dobles, lo mismo que huye del mar, de las compañías jóvenes y de esos cuerpos lustrosos que casi viven de forma permanente en Port Lligat atraídos por la idea del genio que fue Salvador y que ahora se contenta con hacer gestos histriónicos y grandilocuentes que solo obedecen a un intento de llamar la atención a ver si consigue mantener la fama que tuvo un día, esforzándose en inventar mil y una excentricidades." epdlp.com |