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La falsificación (fragmento) "Seguramente no creía que su informe amonestaría al lector. ¿No creía más bien que suscitaría horror a cambio de dinero, una ominosa sensación por la cual se arriesgaría a una demanda insaciable? Cada vez más gente quiere saber más sobre su propia guerra de poder. Esa era la verdad que lo impulsaba y que, al mismo tiempo, se abría paso ante su vista como un grueso muro de cristal, dejándola estéril. A partir de entonces, semejaba una visión inconexa. Podría concebirse también como una visión pura. ¿Y dónde se habían ido los sentimientos, las verdades de su propio cuerpo, dónde el dolor, la compasión desesperada e infalible, la rabia impotente, el dolor furioso por la vida del mundo, por su propia vida, el desplome que debería derribarlo hasta la sima abisal del polvo? [...] Tuvimos unos años maravillosos. Después, quisimos concebir el hijo. Eso era lo principal. No cualquier hijo. Ambos estábamos absolutamente seguros de ello. Sería el hijo. ¿Y por qué lo sigues queriendo, ahora que estás solo? No sé si puedo explicarlo. Quizás solo lo quiero para no estar solo...Ariane bajó lentamente las escaleras. Le sonrió y no pareció sorprenderse de su presencia. Siempre se mantenía tan tranquila, sin parecer consciente de los horrores que ocurrían aquí en la ciudad y que siguen sucediendo. Le había contado cómo habían atado a hombres a coches y los habían arrastrado hasta la muerte. En Praga, había visto morir a gente, pero solo había podido percibir sus rostros después de que ya estuvieran muertos." epdlp.com |