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El dorado (fragmento) "El dorado actúa en mí: yo soy su libro. El dorado desciende de la altura con zapatos de lana y se incendian los campos. Suavemente me peina y canta: niño, niño, soy el dorado. ¿Soy yo el elegido? Quién lo puede saber en las calles bretonas, entre los carros de los mercaderes y el polvo de las alfombras que sacuden doncellas en las ventanas. Dime, el dorado, ¿me quieres? Y él baila y baila bien este dorado y las pequeñas espigas y las hijas del sordo lo ven danzar y aplauden, lanzan nueces. ¡Si a mi escuela el dorado viniera alguna vez, ay, qué orgulloso yo al decir: es mi amigo! El dorado es famoso, pero todos lo olvidan y olvidan que una vez lo llevaron muy dentro. El dorado nació del primer muerto. Sí, un muerto dio a luz al dorado y él duda si su casa es la tierra o sería más bien su destino ocultarse siempre, siempre, hasta el día de la revelación en el pajar del elegido. ¡Oh dorado! Ven a mí, ven a mí, que no te olvido, pues como el ratoncillo te vi gigante un día, tú el señor importante y yo tu niño. Y el dorado me escucha, mi peluche inmenso con barriga de dragón, et in Arcadia ego. Adiós, dorado, dime tras la muerte otra vez las palabras amarillas, las que hacen despertar." epdlp.com |