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Los monstruos de Templeton (fragmento) "Los pliegues sobre su ojo le daban a su viejo rostro una expresión melancólica, y emanaba una sensación de soledad tan fuerte que cada persona que estaba en el parque ese día se sentía a kilómetros de distancia de las demás, aunque estábamos hombro con hombro, tocándonos. Más tarde, nos enteramos de que, al no poder los buzos alcanzar el fondo de nuestro lago, llamaron a equipos de buceo de aguas profundas para buscar otra criatura como la que emergió ese día. Nos contaron que, por mucho que rastrearan, no encontraron otra criatura como la nuestra, solo detritos: tractores oxidados, boyas de plástico e incluso un fonógrafo antiguo. Encontraron un faetón pintado de amarillo intacto, con los huesos de un pequeño spaniel en su interior. También hallaron docenas de esqueletos humanos, cadáveres ahogados o abandonados, dispuestos uno junto al otro por algún capricho de la corriente o de la metafísica, en una plataforma poco profunda cerca de la Torre Kingfisher, junto a Punta Judith. Esa mañana, antes de apartar la mano del monstruo, sentí una tristeza abrumadora, un recuerdo repentino de una vez en la preparatoria cuando me escabullí a los muelles del club de campo a medianoche con mis amigos y, riendo, desnudos, entramos en el agua oscura salpicada de estrellas y nadamos hasta el centro del lago. Allí flotamos en la oscuridad, todos en silencio, sintiendo como si estuviéramos nadando en un espacio tan perfecto. Levanté la vista y comencé a girar. Las estrellas surcaban y tililaban en círculos sobre mí, mi cuerpo estaba envuelto en una cálida oscuridad, mis manos habían desaparecido, mi estómago ya no existía, solo era una cabeza, un par de ojos. Al tocar a la bestia, recordé cómo, incluso en aquella noche lejana, podía sentir algo tremendo moviéndose en las profundidades debajo de mí, algo vasto, blanco y que cantaba." epdlp.com |