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Una mujer a quien amar (fragmento) "Me pasé más de una hora trabajando concentrado, después me senté en la hamaca con un café y la pipa para contemplar el esfuerzo perseverante de la hembra de papamoscas por alimentar a sus crías. No paraba desde primera hora de la mañana hasta última hora de la tarde. Iba y venía, y vi que seguía un patrón. Nunca volaba directa al nido, sino que antes hacía una escala siempre en la misma rama, comprobaba los alrededores con giros rápidos de la cabeza y, cuando estaba segura de que no había ningún peligro, volaba rápidamente al nido, donde cuatro picos se abrían de par en par. Pero, por lo general, sólo una de las crías conseguía algo. Las otras tres se quedaban sin nada. Me imaginaba que habría elaborado algún sistema para hacer un reparto justo, pero al cabo de unos días de observación quedó claro que no tenía ningún sistema. Quien primero viene, primero muele, se podría decir. Pronto empezó a verse que uno de los polluelos era más alto que los demás y que se volvía más alto y más fuerte a medida que pasaban los días. Poco a poco empezó a tener competencia de otro de los polluelos, mientras que a los otros dos se los veía cada vez menos. Hasta que murieron y me pregunté qué haría la madre con los cadáveres. Continuó alimentando a las dos crías que quedaban con igual perseverancia. Era fantástico comprobar lo rápido que crecían. Al cabo de un par de semanas ya estaban listas para volar, pero no eran muy aventureras. Ejercitaban las alas de pie en el borde del nido y, cuando la hembra llegaba volando, volvían a ser crías y abrían la boca. Al volver a nuestra casita, a principios de junio, estaba solo y Göran me dijo con una sonrisa enigmática que tenía invitados. No caí en lo que decía hasta que me enseñó el nido que estaban construyendo. Habían escogido el lugar con cuidado, estaba protegido del viento y la lluvia, y no muy visible en el espacio que quedaba encima de una viga y bajo el techo de la entrada. Ahora bien, los papamoscas no eran grandes constructores. El nido parecía más una vivienda transitoria, pero al parecer era lo bastante buena, porque al poco la hembra se sentó dentro a poner huevos. Lo único que se veía eran sus plumas grises y blancas cada vez que necesitaba moverse." epdlp.com |