Palomitas de madrugada (fragmento)Regina Rodríguez Sirvent
Palomitas de madrugada (fragmento)

"Desde aquí arriba, Tokio no parece muy distinta de las grandes ciudades americanas en las que he estado, a excepción del bosque frondoso e inmenso que es Atlanta, claro. Lo que pasa es que en este bar, a apenas unos metros de esta mesa baja, Bill Murray se tomó un whisky en Lost in Translation. Y, por supuesto, eso lo cambia todo. Los hielos de su whisky se deslizaban por el fondo del vaso mientras aceptaba el hecho de que había venido a grabar un anuncio por dos millones de dólares el mismo día que olvidaba el cumpleaños de su hijo. La ciudad brillaba y la piel pálida de Scarlett Johansson pedía fuego. Y, con la primera calada desganada, empezaba un amor eterno que culminaría con una frase, pronunciada al oído, que la historia del cine nunca conocería.
Yo quiero sentarme a esa barra y mirar Tokio de frente, preparada para la aventura.
En fin. ¿A quién le importan la cariñena y el terrrrrroire del Priorat? ¡Francisco Antonio! ¡Tom! ¡Bebamos, joder! ¡Vamos a vivir!
Desde que llegamos he pronunciado el mismo discurso diecisiete veces y, ahora que me dispongo a soltarlo una más, la aventura se apodera de mí.
—Por cierto —hago una pausa y levanto la vista del dosier, Francisco Antonio parece que arranque un exorcismo y con los ojos muy abiertos me ruega que no siga—, ¿supongo que conocéis la historia de la copa Pompadour?
Cojo la copa como si fuese una azafata de la sección de quesos curados del Carrefour. Francisco Antonio maldice en silencio a todo mi árbol genealógico, remontándose hasta los primeros íberos de la Cerdanya. Tom, el samurái, permanece impasible. El señor Yakisoba y el señor Mutenroshi alzan la vista con el interés más genuino que se ha despertado en esta reunión insoportable que empezó hace un millón de años."



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