Tras mi rastro (fragmento)Gregor von Rezzori
Tras mi rastro (fragmento)

"Llevaban con decoro sus teñidos uniformes de prisioneros. Aunque se les trataba con comprensiva indulgencia, el cautiverio les corroía el hígado. Alemania, el sitio del que yo había escapado, era para ellos la anhelada tierra de promisión, no los amedrentaba el hambre, ni el frío o el abatimiento, tampoco el cenizo estado de verse a merced de las incomprensibles consecuencias de un hecho incomprendido; no los asustaba el impotente rencor del destino, ni el odio predicado por unos y otros. Aquellos no eran inconvenientes de su vida cotidiana, sino de quienes se habían quedado en casa. Lo que los hacía sufrir era la humillación. El haber sido despojados de su poder. La estrepitosa caída de una privilegiada existencia de dominación —regulada con seriedad mortal—, de la existencia de unos hombres de hierro, a la miseria de un rebaño de vencidos encerrados tras unas alambradas de espinos. En Wilton Park no había alambradas, el lugar tenía más bien el carácter de un campus universitario. Pero, por relajados que se mostraran —las manos siempre en los bolsillos de los pantalones—, aquellos hombres no podían librarse del tufo de la soldadesca. Olían a cuartel. Y sufrían por ello. Y sufrirían más aún cuando, ya reeducados en el espíritu de la democracia, tuvieran que regresar a casa. Pero eso aún no lo sabían.
Tampoco les habría servido de mucho que yo les dijese que aquel tufo era el aire que se respiraba a diario en Alemania, que en casa tampoco podrían librarse de él. Lo habían introducido en el país otros hombres como ellos, retornados de toda condición lo habían portado consigo a las viviendas instaladas en sótanos, a las barracas prefabricadas de los que se quedaron. Sin embargo, cualquier cosa que yo les dijera habría sonado a burla si hubiese añadido que aquello no era lo peor. Lo que me atenazaba la garganta, a veces al punto de asfixiarme, no era sólo el tufo de la soldadesca vencida y expulsada de su tierra, sino su rotundidad esencial. Yo no conocía otra Alemania salvo aquella que olía a cuartel y a campo de concentración. Me parecía que en Alemania sólo había dos formas de existencia: vigilantes y vigilados."



El Poder de la Palabra
epdlp.com