Bajo el puente Mirabeu (fragmento)Madeleine Bourdouxhe
Bajo el puente Mirabeu (fragmento)

"Se estira bajo las sábanas, tumbada boca arriba. Ya no siente dolor. Una inmensa dicha la envuelve por completo, una dicha infantil, el bienestar que sigue al sufrimiento. Ha vuelto a ser como una niña, de pies a cabeza, en su cuerpo, en su corazón, en su mente. Si pronuncia unas pocas palabras, es una canción sin sentido; no requiere ningún esfuerzo comprenderla. Caracolito tuerto, préstame tus cuernos, uno, dos, tres, Grandmeriolle. ¿Fue eso realmente, o eran otras palabras? Ah, paz dentro de mí, y a mi lado… Ella aparta la cabeza para ver a través de la malla metálica recién pintada el pequeño rostro. Ella sonrió: no era hermosa, ni la perfumaban las cálidas aguas y la sangre maternal, ni estaba estigmatizada por lo nebuloso, ni por lo ancestral. Le faltaba algo que aún no la había envuelto, liberado, tocado con su gracia. El día de mañana alcanzará la cima de su esplendidez, cuando el amanecer haya acariciado su rostro, cuando los aromas hayan rozado sus fosas nasales, cuando el aire que respiramos haya bañado todo su cuerpo, cuando apenas un vestigio del tiempo del mundo haya secado su cabello y alisado las arrugas de sus manos. Entonces, habrá atisbado su lugar, se le habrá insinuado, firmemente asentada, entre los fenómenos del orbe, erigiéndose en su mismidad en algo excepcional. Mañana será hermosa, desde el albor diurno, y reconocerá el sol enseguida, ella que acaba de nacer en mayo. Hermoso mes de mayo, Caracolito tuerto, préstame tus cuernos, ya no me duele, y dormiré profundamente, me quedaré dormida...Ah, paz dentro de mí y a mi lado."


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