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El Dios bondadoso (fragmento) "De pie junto a la puerta, el joven desconocido miró a lo largo de un pasillo de gran profundidad que se extendía hacia el este, interrumpido por dos filas de pilares que sostenían enormes vigas de roble, sobre las cuales descansaban vigas de cedro rojo. Las paredes estaban divididas en paneles, con bordes anchos y de intrincado arabesco. Un enorme soporte en el centro de cada panel sostenía la imagen de una deidad, réplica del ídolo en el santuario propio; y desde los pies de la imagen irradiaban largos brazos de madera, finamente tallados, curvados hacia arriba a la altura de los codos, y terminaban en manos bien formadas que sostenían faroles de agave que emitían luces de todos los colores. En el espacio central, entre las hileras de pilares, inmensas arañas colgaban de las vigas, tan cubiertas de lámparas que parecían pirámides resplandecientes. Y los brazos, las imágenes, las arañas e incluso los enormes pilares estaban adornados con guirnaldas de ramas de cedro y flores, de las que el aire desprendía un aroma como el de una mañana en un jardín. Entre tanto esplendor, la mirada del visitante se dirigió rápidamente al otro extremo del salón, donde quedó cautivado. Vio un escenario, resplandeciente con una alfombra carmesí, que se elevaba tres escalones y se extendía de pared a pared; y sobre él, cubierto de plumas verdes , un estrado, en el que, sentado en una silla o trono que brillaba con oro bruñido, se encontraba el rey. Sobre él se extendía un dosel con forma de amplia sombrilla, cuyo mástil descansaba en el suelo detrás del trono, sostenido por dos guerreros armados, quienes, inmóviles como estatuas, permanecían vigilantes como centinelas. Alrededor del estrado, ataviados con trajes y adornos personales que compartían el esplendor del monarca, se congregaban sus reinas, sus hijos y todos aquellos que pudieran reclamar algún vínculo con la familia real. La luz los envolvía como la del mediodía, tan intensa que toda esa parte del salón parecía rebosar de sol. Jamás hubo satén más rico que la tela esmeralda del dosel, entretejido, como estaba, con plumas de colibríes. Jamás hubo brillo de estrellas, a los ojos del forastero curioso, más intenso que el centelleo de las joyas con las que estaba ribeteado. Nota del Traductor. En el inglés original, Aguave, es un étimo botánico que refiere multitud de especies (particularmente conocidas son las variedades de color azul y verde) que pueden tener un uso gastronómico, medicinal o textil y decorativo, como en este pasaje, junto a arcos, bugambilias, propios del folklore de las culturas mexicas que el autor conocería en primera persona durante el trienio de gobernación en Nuevo México." epdlp.com |