|
Qué buscas, lobo? (fragmento) "Se requería un buen sustituto para el vino de Mosela, un brebaje capaz de prolongar la euforia etílica. Por ejemplo, un litro de zumo de pomelo mezclado con cien o ciento cincuenta mililitros de vodka puro. Ryna se dirigió a los retretes situados en el sótano de la terminal; solían estar limpios y resultaban acogedores. La limpieza corría a cargo de unas mujeres desengañadas de la vida e indiferentes a todo. En los cubículos la gente bebía a hurtadillas, se cambiaba de ropa, reorganizaba las maletas y quién sabe qué más. Para llamar la atención en aquel lugar, habría sido preciso ahorcarse. Ryna se preparó su cóctel rápidamente y acto seguido cogió el tren regional, que traqueteó largamente entre bosques de alisos y pinos raquíticos hasta detenerse al filo de aquel día de invierno que ya declinaba. Zarecha. El pequeño puente que cruza el río, las casitas, la antigua base militar semioculta entre pinos. Salvo uno de los pabellones, que acogía un asilo para ancianos e inválidos, la base estaba prácticamente abandonada. Junto al asilo se erguía un abeto enclenque, decorado con copos de algodón y adornos navideños de los años sesenta y setenta del siglo pasado: un cisne, una ardilla y un gallo de aluminio, y un astronauta y una mazorca de cristal. [...] Natasha hizo girar el pequeño cilindro del pintalabios y se quedó embelesada con la punta de nácar. Para conseguírselo, Ryna había tenido que zambullirse en los agujeros negros donde yacían los vestigios de los años noventa. Finalmente, en una tiendecita destartalada de la estación de Poznan, había encontrado una caja llena de pintalabios rebajados de precio. Nacarados, azules, grises, rosados y violáceos. El dueño estaba dispuesto a venderle la caja entera por diez eslotis, pero ¿qué sentido tenía? Natasha nunca podría usarlos todos. Cada vez estaba más débil e hinchada, su cuerpo se estaba descomponiendo literalmente por efecto de los medicamentos. Ryna había visto morir de forma similar a más de un interno." epdlp.com |