La aldea escondida (fragmento)Susanna Hartunyan
La aldea escondida (fragmento)

"Al pensar en Harut, Sató sintió un sudor frío que la recorría. Sintió cómo se mojaba su cuello y, con el viento helado, tuvo un escalofrío. Igual que aquella noche cuando Harut se había quedado en mar abierto; el viento frío había penetrado en sus pulmones y tenía la garganta llena de pus, mientras el sudor fluía en abundancia… Tras limpiarle la garganta con bencina, le había hecho beber un extracto vegetal y esperaron a que la temperatura bajara mientras conversaban. Harut habló de los recién llegados: «Sató, te he dado tiempo para que les ayudes a recobrarse. ¿Por qué no lo haces?». Ella se justificó: «Están muy atemorizados. Tienen miedo del sol, de la oscuridad, del frío, del calor, de la gente, del viento… No comen ni beben, ni se meten entre la gente… Nada de lo que sé hacer tiene efecto en ellos… Están aterrados. ¿Qué digo aterrados? Están totalmente trastornados». «Si lo que conoces no les afecta, prueba con algo que otros conocen», gimió Harut con la cabeza hirviendo de fiebre. Ella se decidió… El miedo a la oscuridad, al frío, a las fieras todavía estaba presente, pero el temor a Dios no les arredraba, porque hacían una buena obra. Cuando la luna desapareció y el mundo quedó a oscuras, una pupila negra como el ojo de una paloma, Sató montó el caballo salvaje y lo espoleó en la calma de la noche. La paz nocturna era aterradora; la componían aullidos, gruñidos roncos de buitres, suspiros del viento ahogados en los valles, estrépito de piedras cayendo en aluvión desde las cumbres… La paz nocturna era la lucha entre los sonidos de la naturaleza y el silencio universal; ora aquellos crecían y lo asfixiaban, ora este se activaba y los exterminaba… Sató galopaba en su montura sin saber qué partido tomar. Nunca había tenido tanto miedo. Si fuera por ella, renunciaría, pero las venas palpitantes del sudoroso animal vibraban debajo de sus muslos y lanzaban vapor por los flancos, y la aterraba la idea de que, si no hacía lo posible por cumplir con su cometido, el caballo de palpitantes flancos arrastraría su cuerpo con su feroz galope, le rompería los huesos contra las piedras y nadie corroboraría en el crepúsculo si se trataba de su sangre ennegrecida sobre las piedras o del sudor del sol. Era la primera persona que abandonaba la aldea además de Harut; era la primera vez en su vida, y volvía al lugar del que Harut la había llevado a escondidas hacia el monte, cargándola en sus espaldas envuelta en una alfombra. A tientas en la oscuridad, fue hacia el cementerio."


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