|
La señora Caliban (fragmento) "Si Scotty hubiera estado vivo, Dorothy habría llamado al colegio para avisar de que, teniendo en cuenta la advertencia, pasaría a buscarlo ella misma por la tarde. Aunque ya sería un niño mayor. ¿Qué edad tendría? Había muerto a causa de una anestesia ordinaria, previa a una simple apendicectomía, y, posteriormente, las únicas explicaciones que les habían dado lo achacaban a una «reacción individual», a una «alergia insospechada» y a «sensibilidad al medicamento». Y, unos meses más tarde, Dorothy había perdido el bebé. Aquel fue el momento en el que las cosas con Fred empezaron a cambiar. El primer golpe los había dejado aturdidos, pero el segundo los había distanciado mucho. Se culpaban mutuamente al tiempo que experimentaban resentimiento, rabia y culpabilidad ante la idea de que el otro los convirtiera en objeto de una censura injusta y similar a la suya. Pronto empezó a resultar más sencillo barrerlo todo bajo la alfombra; estaban demasiado agotados para intentar nada. Y así siguieron: silencio, aislamiento y la desesperación de mantener mentalmente conversaciones que sabían que no irían a ninguna parte. Fred había decidido lo de las camas individuales mucho antes de serle infiel. A los dos les costaba mucho dormir y se despertaban a horas distintas. Además, tampoco era que por el momento le sacaran ningún provecho a compartir una misma cama. En cuanto se lo propuso, Dorothy supo que se había terminado, pero no tuvo fuerzas para hacer nada al respecto. [...] Se puso el maillot e hizo sus ejercicios en el cuarto de invitados. Eran sus ejercicios de danza habituales, no los que se supone que tienes que hacer para mantenerte en forma. Empezó sin música, pero al rato fue a por la radio y la puso. Le gustaba estar en el cuarto de invitados, donde nunca había dormido ningún invitado; en realidad servía básicamente para almacenar maletas y muebles. El cuarto que usaban para los invitados era mucho mayor, pero este lo había pintado ella misma y se había encargado de colgar las cortinas. Ya había una cama y tenía un baño contiguo. Originalmente tenían pensado convertirla en una habitación de juegos para los niños: eso habría sido muy práctico, pues estaba en la planta baja. Todavía había dos o tres juguetes de Scotty en el cajón inferior de una de las cómodas. Fred no se acercaba por allí. Era posible que creyese que todavía estaba lleno de muebles de jardín, el juego de croquet y otras cosas que Dorothy había trasladado en cuanto el señor Mendoza les había construido el cobertizo exterior. Estaba en medio de lo que ella imaginaba un paso de El lago de los cisnes cuando la música se ralentizó y una voz grave procedente de la radio empezó a hablar en un tono tan débil que apenas logró discernir las palabras: «No te preocupes, Dorothy. Todo irá bien.» Se puso muy erguida y se dio cuenta de que estaba empapada en sudor. La música siguió como antes. Se metió en el baño, se desnudó y se dio una ducha breve, se cambió de ropa, lavó el maillot sudado y lo colgó a secar en la barra de la cortina. Fue en coche a la ciudad y compró champiñones, carne y queso." epdlp.com |