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El secreto de Victor Black (fragmento) "El viento zarandea los árboles al otro lado de la ventana. Los rayos de sol que consiguen colarse entre las nubes iluminan parte del dormitorio. Jacob se mira en el espejo de cuerpo entero: un hombre de cuarenta y dos años, cabello canoso y barba de tres días, a quien hoy le está costando más que de costumbre anudarse la corbata. Su traje gris hace juego con el cielo de esta mañana de enero. De fondo, en la radio despertador, el presentador del programa matutino dice que las temperaturas no superan los nueve grados. Finalmente Jacob se rinde y, sin estar satisfecho con el aspecto del nudo, entra en el cuarto de baño del dormitorio principal, que conserva la fragancia del perfume Lancôme de Natalie. A diferencia de él, su mujer no necesita despertador para levantarse temprano. Aún es de noche cuando se enfunda su ropa deportiva y hace cuarenta minutos de ejercicio, se da una ducha fría, se viste y prepara el desayuno para ella, Jacob y Sharon, su hija de dieciséis años. Las alarmas suelen sonar en casa a las siete en punto y padre e hija se levantan sin poder despegar los párpados, se arreglan para ir al trabajo y al instituto respectivamente, dan medio bocado al desayuno y se van corriendo para no llegar tarde. Y así cada día. Luego se reparten las demás tareas de casa, pero las mañanas son innegociables. Tras engominarse el pelo hacia un lado, Jacob sale del cuarto de baño, recorre el pasillo y se dispone a bajar las escaleras, pero algo le hace detenerse. La puerta de la habitación de Sharon está cerrada. Mira el reloj: las 7.25. Niega con la cabeza. A Sharon no le va a dar tiempo a desayunar antes de que pase el autobús. Aunque, a decir verdad, no sería la primera vez que va al instituto con el estómago vacío. Está en una edad complicada, y desde hace un par de meses su relación con la comida ha empeorado de forma significativa. Come mucho menos que antes y ha perdido peso. Ni Natalie ni él saben cuánto, porque Sharon se niega a subirse a la báscula. Dice que esa máquina solo marca un número, que no la representa, que la salud abarca muchas más cosas y que ella está perfectamente. Pero ellos no están tranquilos. Se preocupan por su hija e insisten en el tema, lo que hace que Sharon se enfade y se encierre en su habitación. Repite una y otra vez que la obligan a comer demasiado y que siempre llega al instituto con ganas de vomitar. Ellos no saben si es verdad o si no quiere comer por un chico, porque se han metido con ella en clase o porque quiere parecerse a las modelos e influencers que sigue en las redes sociales. Hablar con ella es tan complicado ahora… Tienen la sensación de que los ha apartado de su vida, como si fueran unos desconocidos que le brindan un techo mientras ella trata de vivir a su manera. Ya no recuerdan la última vez que su hija les dio un abrazo. A veces les gustaría retroceder en el tiempo para estar con la Sharon de cinco años, la niña que se pasaba el día con una sonrisa en la boca, que hacía mil preguntas y que solo quería que sus padres jugaran con ella. Pero todo cambió cuando cumplió los ocho. Jacob cree ya no hay vuelta atrás. Natalie, en cambio, quiere pensar que llegará un día en que esa niña tan agradable y familiar regresará a ellos, aunque sea en el cuerpo de una adulta." epdlp.com |