La muerte en común (fragmento)Ana Carrasco Conde
La muerte en común (fragmento)

"La muerte cambia la percepción y la experiencia del tiempo. El fallecimiento de alguien cercano o significativo cambia el mundo de los que se quedan. A veces el vacío de la ausencia se vuelve más profundo y desgarrador cuando trata de impedirse que aquel mundo compartido, ya perdido, se vaya del todo. Del amigo más íntimo de Agustín de Hipona dice el filósofo en sus Confesiones que, al fallecer, cambió toda su vida: «todo cuanto había contado y comunicado con él, se me volvía en crudelísimo tormento, viéndome sin mi amigo. Por todas partes le buscaban mis ojos, y en ninguna le veían; aborrecía todas las cosas, porque en ninguna de ellas le encontraba, ni podían ya decirme, como antes cuando vivía y estaba fuera de casa o ausente: espera, que ya vendrá».1 La presencia del ya no o del nunca más es el sonido que hace eco en el vacío, como aquel cuervo del poema de Edgar Allan Poe que reposaba sobre el busto de la diosa de la sabiduría. Cuervo, entonces, en principio, y no lechuza, ha de ser el ave que acompañe a una reflexión sobre la muerte. Nunca más. No habrá otra vez. Quizá por ello nos aferremos a veces al instante de la muerte."


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