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Las crines (fragmento) "Puede que sea tarde. Pero tú me lo pediste. Que te escribiera cuanto antes, nada más llegar, y que te hablara de la casa. De la casa, de la quinta, como si se tratara de alguien, de un familiar o de un amigo. Recuerdo el modo en que hablabas de ella. Por eso la recorro con cautela. No consigo sacudirme una extraña sensación de irrealidad, de aislamiento. No se trata de la casa exactamente. Es algo más, algo que hay afuera. [...] Después lo invité a que viniera a la quinta cuando quisiera o cuando su interminable «laburo» se lo permitiera, y no han pasado cinco o seis días sin que lo haya hecho, así que hemos ido entablando una especie de amistad. Parece que a él le agrada y le divierte instruirme sobre aspectos prácticos de la vida argentina, cómo cebar un buen mate, cómo montar una parrilla, y que me ha tomado como una especie de extraterrestre al que hay que enseñárselo todo. [...] No hay un pájaro, sino miles. No hay una hormiga, sino millones. No hay un campo o un sembrado. Es la tierra lo que hay. Descomunal, abierta, sin precauciones. Ahora entiendo lo que decías, que había que frenar el campo, que se podía comer la casa, meterse dentro." epdlp.com |