Maleficios (fragmento)Mijail Bulgakov
Maleficios (fragmento)

"Korotkov sonrió tristemente y abrió la cerradura; trasladó después de veinte viajes las botellas, que estaban en un rincón del corredor, encendió la lámpara y se desplomó en la cama sin desvestirse, con el abrigo y la gorra puestos. Durante cerca de media hora, Korotkov se dedicó a contemplar, bajo los efectos del embotamiento, el retrato de Cronwell, que se difuminaba en la espesa penumbra del crepúsculo. Después, repentinamente, se incorporó de un salto y sufrió un ataque de nervios. El secretario se despojó de la gorra, la mandó a paseo de un manotazo al otro extremo de la habitación, tiró al suelo los paquetes de cerillas y se puso a pisotearlos.
[...]
El miedo se asomó a la habitación a través de las negras ventanas. Korotkov hizo lo posible por no mirarlas y bajó las persianas para ocultar su visión. Pero todo fue inútil. El doble rostro, que tan pronto se cubría con una barba como la perdía de repente, aparecía una y otra vez en los rincones de la habitación, con una luz verdosa brillando en sus ojos. Finalmente, no pudiendo soportarlo más y sintiendo que su cerebro iba a estallar por culpa de la tensión, Korotkov se echó a llorar débilmente.
Cuando ya hubo llorado lo suficiente y consiguió desahogarse, se comió unas patatas rancias que le habían sobrado del día anterior; después, recordando de nuevo el maldito enigma, lloró un poco más.
—¡Pero bueno! —murmuró—. ¿Se puede saber qué hago llorando si tengo vino? Cogió una botella y se bebió la mitad de un trago. El suave líquido le hizo efecto en cinco minutos. Empezó a sentir un dolor agudo en la sien izquierda además de una sed ardiente y nauseabunda. Korotkov bebió tres vasos de agua. El dolor en la sien le hizo olvidarse por completo de Calzonov. Se quitó la ropa, puso los ojos en blanco con gesto abatido y se dejó caer en la cama. «Una aspirina…», murmuró una y otra vez durante un buen rato, antes de que un turbulento sueño se apoderase de él sin piedad.
A las diez de la mañana del día siguiente. Korotkov hirvió el té a toda prisa, bebió sin ganas un cuarto de vaso y abandonó su habitación con la sensación de que le esperaba una jornada difícil y llena de tensiones. Cruzó a la carrera, en medio de la niebla, el patio asfaltado y húmedo. La inscripción «Vigilante» se destacaba en la puerta de una de las alas del edificio."



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