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La gran agua (fragmento) "Me lo pusieron como compañero de clase. ¡Maldito sea, compañero! Me lo pusieron bajo su cuidado, me lo echaron encima. Todo alumno ejemplar estaba obligado a acoger bajo su protección a un mal compañero. Digo ejemplar, ¡maldito sea!, porque casi odié al mundo entero por culpa de esa palabra. Un compañero ejemplar, un pionero ejemplar, un constructor ejemplar. Ejemplar, y ¿qué sigue?, más bien un alborotador ejemplar. Pero así fue, lo juro. [...] Éramos una triste horda de niños hambrientos, sucios y sin hogar. Unos mocosos negros y desagradables, como nos llamaban nuestros amables cuidadores. Atrapados en los campos, en los huertos, en los bosques, en los graneros, entre las rocas, en la nieve profunda. Pero no nos dejaríamos atrapar. Desde luego, no sabíamos que nos iban a ofrecer un hogar, un techo sobre nuestras cabezas, una cama, que nos iban a dar café caliente, pan con mermelada, y que lo hacían por nuestro bien, para protegernos de todas esas cosas apestosas planeadas hasta el último detalle en un orfanato. ¡Maldita sea la ley! Pues bien, les digo, no nos dejaríamos atrapar. Durante toda esa primavera, destacamentos de la Cruz Roja, cuidadores y cazadores de todo tipo nos perseguían como animales salvajes. [...] La nieve, las montañas, los pueblos arrasados, los huertos abandonados, los campos desiertos… todo permanecía distante; solo la Gran Agua vivía dentro de nosotros. Estaba por todas partes a nuestro alrededor, ¡maldita sea!, la Gran Agua parecía esperarnos. Nos reconoció, lo juro, nos reconoció en ese instante. Su suave voz parecía decirnos: «¡Vamos, pequeños, aquí está el camino, caminen y agárrense!». Y caminamos, palabra de honor de camarada, caminamos. Lo juro incluso por la cabeza de la camarada Olivera Srezoska, caminamos. [...] En aquel entonces, no sabíamos nada del muro. No sabíamos nada más de las mañanas en el orfanato, de los despertares, del sueño en aquel lugar maldito. Al principio, ni siquiera nos dimos cuenta del muro. Nuestras cabezas aún daban vueltas, ebrias, llenas de aquel viento cristalino del agua. ¿Acaso necesito contarte sobre aquellos momentos asombrosos de emoción y felicidad que sentimos aquella noche junto al Gran Agua? Qué sueño tan magnífico, el Gran Agua... Siempre creí en las mentiras." epdlp.com |