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Ayse se va de vacaciones (fragmento) "Desde pequeño aprendiste que no debías dar nada por sentado en la vida. Tu familia, por ejemplo, tu cama, el pan que comes cada día, tu padre, tu madre. Un día eres de una manera, al siguiente eres diferente; un día alimentas al gato del jardín, al siguiente tiñes tu ropa de negro, haces las maletas para irte. Y lo peor es que te vas. Nada es seguro, ni los gatos, ni los jardines, ni los padres, ni las madres. Especialmente estas cosas. [...] El 20 de julio, lo recuerdas muy bien, ocurrió el gran desastre. Te despertaste por la mañana y la maceta al pie de tu higuera estaba llena de higos abiertos. En camisón saliste al amanecer, tomaste la escoba y el recogedor para recogerlos. Recogiste infructuosamente. Tus higos, pensaste, tus higos están podridos y la higuera se está congelando. Y dijiste qué comeremos ahora en agosto cuando no tengamos higos dulces. Si la criatura ve los higos horneándose en un momento en que están en su punto óptimo, significa una gran helada. Significa una plaga, un escorbuto, algo malo. ¿Dónde están los males que ni siquiera Dios mismo puede sellar? No hay nada que el Creador pueda hacer. Así te encontró la vecina por la mañana. Vino rebosante de alegría para contarte la noticia. ¡Nos salvamos!, te gritó. ¡Nos salvamos! Nuestra madre vino a Sálvanos. Aise vino de vacaciones. —¿Qué haces ahí con los higos? —Están todos rotos —le dijiste—. Mis higos se abren en julio, mis hermosos higos que todo el vecindario envidia. Se están rompiendo y cayendo al jardín. No tendremos higos para comer en agosto —dijiste. Dejaste a la vecina en el jardín y corriste a despertar a tu hijo. —Mamá, ¿qué pasa? —te llamó. -Ayse vino —le dijiste— a pasar las vacaciones aquí. Y nuestra higuera se enfermó. No tendremos nada para alimentarla. No podremos comer higos en agosto. —Y entonces empezaste a llorar." epdlp.com |