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La llave "La miro con detenimiento, con fruición. Es diferente: brilla con luz y oscuridad, su forma quiso parecer un corazón pero quedó a la mitad. Sonríe y mira. "La llave de mi corazón" decís al ponerla sobre mi mano, y vuelvo a mirarla por si fuera cierto, como si sólo debiera elegir el momento, el modo de la entrada. Creer en las palabras, en el latir que las empuja hasta la dicción, que lo que dicen es cierto, de alguna manera. Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo recibe, agradecido, y que el sudor deja más que sal piel adentro. Antes que la religión, el amor es materia de fe. Queda un coro solícito de animales. Perros y grillos reposan sobre la extinción de lo humano. Ayuda que es cóncava la noche y el sueño un testigo feliz de urdir los hilos evanescentes de la ficción. Un escenario parco son las bardas oscuras, dan pie a la pregunta por los insectos, por sus huellas minúsculas, sus túneles sinuosos, la pulsión obcecada por el alimento, la insaciabilidad del vivir. Es ahora cuando preguntar. Ahora es ahora, no un ahora de tiempo; de sincronía, de frutos morados al alcance de la agitación, de hierbas creciendo inadvertidamente, con el secreto mandato de cubrirlo todo; estatuas solas en su miedo nocturno, también objetos que parecen personas. Es ahora. Las piedras, grandes y pequeñas, en su elegida inmovilidad orgánica, consumiéndose a oscuras, solas, accesibles a todo pavor. Diríase que el mundo entero teme. Las piedras no son flores, si lo fueran permanecerían afables e impávidas, cerradas al ojo negro de la hora, conscientes sólo de lo húmedo, lo suave, lo dulce. Es ahora. Una insistencia en el aire parece asegurarlo." epdlp.com |