La llaveMacky Corbalán
La llave

"La miro con detenimiento,
con fruición. Es diferente: brilla
con luz y oscuridad, su forma
quiso parecer un corazón
pero quedó a la mitad.

Sonríe y mira.

"La llave de mi corazón" decís al
ponerla sobre mi mano,
y vuelvo a mirarla por si fuera cierto,
como si sólo debiera elegir
el momento, el modo de la entrada.

Creer en las palabras, en el
latir que las empuja hasta la dicción,
que lo que dicen es cierto,
de alguna manera.
Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo
recibe, agradecido, y que el sudor deja
más que sal piel adentro.

Antes que la religión, el amor
es materia de fe.

Queda un coro solícito
de animales. Perros y grillos
reposan sobre la extinción
de lo humano. Ayuda que es cóncava
la noche y el sueño un testigo
feliz de urdir los hilos evanescentes de la ficción.
Un escenario parco son las bardas oscuras,
dan pie a la pregunta por los insectos, por
sus huellas minúsculas, sus túneles
sinuosos, la pulsión obcecada por el
alimento, la insaciabilidad del vivir.
Es ahora cuando preguntar. Ahora es ahora,
no un ahora de tiempo; de sincronía, de
frutos morados al alcance de la agitación, de
hierbas creciendo inadvertidamente, con
el secreto mandato de cubrirlo todo; estatuas
solas en su miedo nocturno, también objetos
que parecen personas.

Es ahora.

Las piedras, grandes y pequeñas, en su
elegida inmovilidad orgánica, consumiéndose
a oscuras, solas, accesibles a todo
pavor. Diríase que el mundo entero
teme. Las piedras no son flores, si lo fueran
permanecerían afables e impávidas, cerradas
al ojo negro de la hora, conscientes sólo
de lo húmedo, lo suave, lo dulce.

Es ahora. Una insistencia en el aire
parece asegurarlo."



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