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Oda a mi falo erecto y alado "Oda a mi falo erecto y alado. Oda a su vida triste, sin amor y sin desahogo. Oda a su ser mendigo y en eterno desalojo Oda a su trompa de tierno elefante de circo. Oda a mi hongo en incendio, su cabeza de niño y su forma de torre del medioevo, siempre envidiado. Angelical y terrible y bueno como el cielo. Y siniestro como un ángel ciego. Oda a mi tallo de jade, sensitivo, capcioso y sincero. Mi diente humano, perfecto y lleno de proyectos. Árbol de flores en primavera, herido; pena me da verlo tan solitario, sin nido y sin verbo. Mi falo elevado y perfecto como el oro de un sanguinario ídolo; siempre en rezo, siempre en ruego como adorándose a sí mismo; mi falo soberbio y enjoyado; dios en incendio, dios en levitación siempre en espera, enhiesto, todo un rayo siempre en fiesta, en cena, en despilfarro. Oda a su porte sagrado y su decoro. Su idiosincrasia de filósofo sin logos. Su visión económica, ubérrima en la fronda. Su corazón de puñal, su eterna sed en llamas, y la eterna espera que no le consuela porque demora o no llega. Pero amo su fuerza y fortaleza por ser de mi cuerpo y de mi estrella. Por ser de mi sangre cósmica como soy yo de su planeta. Ni grande ni muy pequeño, pero acariciable bestezuela, y astutísimo como el duende a quien amaría la Cenicienta o Blanca Nieve. Loado por mí, por ser de mi cieno y mi hueso, loado como al genio de la botella siempre en ascenso; sólo le falta el delicado pero dulce infierno. Hembra que le dé cariño, abrigo y besos. Hembra que le dé respiro y amor y miel en su hondo recinto. Oda a mi falo tibio y cálido, hermoso y prístino; cada célula suya, cada latido y cada brillo, es un reino en una constelación de laberintos. Cómo no amas, muchacha, su ojo cíclope, Cómo no adoras su aire de dragón alado. Cómo no te apiadas de su tristeza sin nido. Si sólo clama de ti ser parte de tus sueños. Ser algo tuyo, encadenado, íntimo y fiero y ternísimo jeroglífico. Mi falo vigilante, ateo pero religioso y místico así esté yo dormido; mi falo elegante y vanidoso como árbol recién florido. Rayo que no se arredra a los vientos advenedizos. Flecha de fuego buscando rajar los cielos. Oda a su soledad y su ardor y a su fiebre de deseo y sigilo; valiente como el tigre, alado y siempre vigilante y en asecho como un dios resentido. Nada siniestro, nada falso ni pervertido ni enfermo; siempre en vigor y salud de fortaleza y yelmo, como un ángel bueno en el medioevo. Mi pobre falo siempre vigilante como el venablo encendido y discreto, como un cataclismo desvelado por su flor al filo, el clítoris de oro henchido, soñando, siempre soñando la piedra del dulce sacrificio. Y el hundimiento esquivo, y la fiebre y el celo de prodigios; y el filoso proyecto vertical y los dos adagios encendidos pero en agonía, en miel, perfectos. Esperando el cielo, el gemido, el alarido de la garza en incendio; el abrazo emplumado el mordisco erecto, el contra beso y los vientres en contrabajo; y en buen recaudo, el acceso, la sonaja y el ángel ciego, erizado: ¡Cielo ingresando en otro cielo! Y el paraíso renovado y en renuevo perpetuo. ¡Y aplaudo! Oda a mi falo erecto, pantagruélico y confitado. Oda a la plenitud de sus proyectos sidéreos, interoceánicos. Hermoso y luciente como un príncipe egocéntrico. Un trasatlántico en fiesta. O fosfórico rayo." epdlp.com |