Cuentos de circo (fragmento) Pinito del Oro
Cuentos de circo (fragmento)

"Don Dimas no se fijaba más que en lo que veía su mujer, temía ofenderla si hacía lo contrario y no quería ser blanco de sus arrebatos de cólera.
Una noche de esas tristes y frías en que no viene nadie al circo y los artistas piensan muy desagradablemente al ver venir la miseria que se acerca, tuvieron que suspender porque vendieron sólo dos entradas de general, y una era de niño, que pagaba la mitad. Los artistas hicieron la cuenta y vieron que sería más el desgaste de luz, pintura e hilo para coser la punta de la alfombra que Lolo rompía siempre al saltar, al dar aquel endemoniado tropezón que le traía loco. Decidieron no trabajar; pero no fue eso sólo, sino que una de las dos leonas viejas que tenían, como pasaban tanta hambre, se comió un ratón que tan inoportunamente pasó por la jaula, y tan mal le sentó que, antes de digerirlo del todo, se murió.
Don Dimas, que había conocido los peores berrinches de su mujer, no recordaba ninguno mayor que el que cogió esa noche.
El circo parecía que iba a estallar con los gritos y maldiciones que echaba por aquella boca.
Los artistas se agrupaban unos contra otros, sin atreverse a respirar siquiera. Lolo empezaba a ponerse morado."



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