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Sordello Andrea (fragmento) "Amaba recrear mis ojos con imágenes poderosas de los monumentos del pasado. Atracción inexplicable de lo bello en la plenitud de su esplendor: por un momento, tanto más largo cuanto era más joven, cesaban las vibraciones groseras de mi vida obscura y participaba de esa sinfonía exuberante que acompaña la creación artística. Sentía el goce profundo del artista que realiza su sueño en las plácidas construcciones. ¡Oh deseo inasequible de lo grande, maravilloso y eterno, eres la ventana por la cual pispamos la patria ideal! ¡Por vos, catedrales vetustas y castillos heroicos, entreví la existencia de un mundo sobrenatural del cual sólo erais el símbolo! Por estas visiones de una humanidad agigantada por el verbo mágico de Michelet, planeaba mi alma libre por sobre toda miseria humana. Sentí abrirse ante mí un mundo de realidades superiores al que ansío volver en cada momento de mi vida. Esta enseñanza por la imagen de la vida suprema vino A extenderse, mejor, a divinizarse, por el descubrimiento de una edición lujosísima de Shakespeare. Se trataba de láminas de los más inspirados pintores y dibujantes. No hay palabras capaces de contener siquiera un soplo de mi alegría al seguir el pensamiento del divino Shakespeare. Mi cerebro bebía aquella poesía, aquella filosofía sutil, traducida por composiciones sugestivas. Estas dos obras me iniciaron en la vida del arte. Fue la victoria del arte sobre la vida. Alea jacta est: había yo de resistir todos los convencionalismos y prejuicios por la profundidad de la vida interna. Desde ese momento, en todo el transcurso del existir, oiría, como los efebos en Olympia, el consejo joviano: ¡Sed fuerte, sed bello, sed vencedor!" epdlp.com |