El busto del Emperador (fragmento)Joseph Roth
El busto del Emperador (fragmento)

"Como todos los austríacos de aquella época, Morstin amaba lo permanente dentro de la constante transformación, lo usual dentro del cambio y lo conocido dentro de lo inusual. De este modo, lo extraño se le hacía familiar sin perder su color; y de este modo, la patria poseía la eterna magia del extranjero.
[...]
He visto –escribe el conde- cómo los listos pueden volvernos tontos; los sabios, necios; los verdaderos profetas, mentirosos; y los amantes de la verdad, falsos. No hay virtud humana perdurable en este mundo, excepto una: la verdadera devoción. La fe no puede decepcionarnos, puesto que no nos promete nada en la tierra. La verdadera fe no nos decepciona porque no busca ningún beneficio en la tierra. Aplicado a la vida de los pueblos, esto significa lo siguiente: los pueblos buscan en vano eso que llaman las virtudes nacionales, más dudosas aún que las individuales. Por eso odio las naciones y los estados nacionales. Mi vieja patria, la monarquía, era una gran casa con muchas puertas y muchas habitaciones, para muchos tipos de personas. Esa casa la han repartido, dividido, la han hecho pedazos. Allí ya no se me ha perdido nada. Estoy acostumbrado a vivir en una casa, no en múltiples compartimentos.
[...]
Salomón, ¿qué piensas del mundo?
Señor conde—dijo Piniowsky—, ya no pienso nada de nada. El mundo se ha ido a pique, ya no hay Emperador, se votan presidentes, y es como si me busco un abogado competente cuando tengo un pleito. Así, el pueblo entero elige un abogado que le defienda. Pero, me pregunto yo, señor conde, ¿ante qué tribunal? Ante un tribunal compuesto nuevamente por otros abogados. Y aunque el pueblo en sí no tiene ningún pleito y tampoco necesita defenderse, todos sabemos que la mera existencia del abogado ya nos echa encima los pleitos. Así que ahora no dejará de haber pleitos constantemente. Todavía conservo la bandera negra y amarilla que me regaló usted, señor conde. ¿Qué hago con ella? Está en la buhardilla. Todavía conservo el cuadro del viejo Emperador. ¿Qué he de hacer? Leo periódicos, me preocupo un poco por el negocio y un poco por el mundo, señor conde. Sé las tonterías que hacen. Pero nuestros campesinos no tienen ni idea. Creen sencillamente que el viejo Emperador ha impuesto uniformes nuevos y ha liberado Polonia. Y que ahora ya no reside en Viena."



El Poder de la Palabra
epdlp.com