Los días que no existieron (fragmento)Daniel Ramírez
Los días que no existieron (fragmento)

"Hay algunas luces que se piensan. Todas se miran, entran por los ojos, pero algunas también se piensan. Julia se ha parado en mitad de la calle a pensar en una luz amarilla que chisporrotea tras el cristal de un escaparate abandonado. Julia está sudando, llorando y, además, llueve. Ha salido de casa cuando ha sentido que no podía controlar los pensamientos. Se han sublevado y ellos la controlan a ella. Si trata de atrapar un recuerdo oscuro para hacerlo desaparecer, lo parte en dos recuerdos oscuros. Su cabeza es un vaso de miedo a punto de desbordarse.
El ruido del corazón es la gasolina del pánico que la atenaza. Qué difícil es definir el pánico. Qué difícil, también, definir el miedo. Julia suele pensar mucho en eso. Qué difícil definir esos miedos invisibles que se nos cuelan por alguna parte, por alguno de los dedos de los pies, y nos van anulando sin piedad. Percute el corazón de Julia en todos los lugares donde la biología dice que no está. En la sien, en las muñecas, en el cuello. Julia aprieta sobre las palpitaciones para intentar frenarlas, pero se le escapan como se le escapaban los renacuajos en el río. Si aprieta en el cuello, el corazón le golpea en las muñecas. Si aprieta en las muñecas, recibe el puñetazo en el cuello. Al irse de casa, había en su cabeza un pitido largo y agudo. Tenía la sensación de que algo iba a explotar. Ha bajado las escaleras corriendo tras tener esa sensación inexplicable de final inminente.
Aquí, en esta acera estrecha, se percibe algo más segura. Está sola, pero no está sola. Aunque son más de las doce, hay gente alrededor. Un repartidor, un taxista, una pareja, la fiesta que asoma por un balcón. Julia los mira a los ojos. Se promete que ellos, de vez en cuando, también tienen miedo. Como en un credo, se reza a sí misma que esas risas serán suyas en algún momento. Es raro, es absurdo, pero esas otras vidas le dan seguridad. La vida del otro es la confirmación de la vida de uno mismo. Poco a poco, mirando la luz amarilla, va domando la respiración. La bombilla donde nace esa luz está dentro de una vieja librería que todavía tiene la puerta abierta. Julia ha pasado por aquí mil veces y sabe que es un lugar casi siempre abierto, con una pila de enciclopedias que, desde primavera, sostiene la puerta y la deja así, de par en par. Suele vislumbrar a un hombre mayor, de unos ochenta años, embutido en un mono azul, como los de la construcción. Julia no lo ha visto esta noche. Detenida al otro lado de la calle, mira esa luz amarilla que salpica la oscuridad como un bote de pintura derramado en el aire."



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