La Mara (fragmento)Rafael Ramírez Heredia
La Mara (fragmento)

"Con la oscuridad cayendo desde las alturas del Tacaná, Ximenus Fidalgo alza el rostro hacia los ojos de los Cristos colgados en las paredes del consultorio. Sabe que hoy es noche de viaje y que cuando el ferrocarril parte, ese viaje agita las aguas del río y trastoca la vida en la frontera.
Ximenus precisa echar a un lado todo lo que es ajeno a ese próximo movimiento del ferrocarril. Necesita traspasar los ruidos del aire enredados en los olores del pueblo. Ir más allá, meterse en las luces ojerosas de las farolas de las calles alrededor de los patios ferroviarios. Colocar su visión en las decenas de migrantes que esperan el sonido del silbato del tren para abandonar el lindero de la selva donde por horas se refugiaron esperando este momento.
Las miradas fijas de Cristo y de Ximenus ven a hombres y mujeres avanzar viboreantes por las callejuelas terregosas hacia las casuchas cercanas al edificio que alguna vez sirvió de estación. Los cuerpos doblados se desfiguran más al pasar bajo las luces de burdeles y cantinuchas. Se escuchan las respiraciones ardorosas. En voz baja los migrantes se animan unos a otros. Se electrizan con los siguientes silbatazos. A distancia rodean al ferrocarril que fuellea lento para absorber la fuerza que usará en un viaje humoso iniciado en esta frontera con un resuello final a casi mil kilómetros al norte, en el otro mar, el de la Vera Cruz.
Ximenus sabe que las sombras que ahora cercan al ferrocarril esperan el momento necesario para abordarlo mientras zigzaguean entre los desperdicios, sobre zacate y piedras, librando el mordisco de las ramas, afirmando la largueza del tranco en las cercanías del ferrocarril humoso, rojizo, largo en sus decenas de carros que transportaron natas químicas, polvos de cemento gris, harina cuyos residuos se desparraman en oleadas de viento, litros de aceite oscuro metido en cilindros plateados, ahora cerrados espacios vacíos todos, que usarán los migrantes que aún no se trepan a los furgones en que viajarán colgando de las escalas, en el hueco de entre los vagones, sobre los techos si es que alguien puede llegar a las alturas.
Pero aún nadie ha subido al tren. Todo tiene su tiempo y el del abordaje no ha llegado. La tensión soterrada sube cuando el convoy anuncia el inicio del viaje."



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