Todos y ninguno (fragmento)Yordan Radichkov
Todos y ninguno (fragmento)

"El tío Dacho salió a recibirlos con unas sandalias de verano y los pies desnudos. Aquel modelo de sandalias lo habían inventado las fábricas de calzado después de la abolición de la monarquía, y no dejó de fabricarse hasta el final del sistema de racionamiento, es decir, hasta la segunda mitad del siglo XX. Habían cambiado tantas cosas en aquella vida, perdíamos y ganábamos batallas en silencio, había cambiado tanto toda la táctica y la estrategia del frente silencioso; y, sin embargo, aquellas feas sandalias de verano seguían exactamente igual, atravesando a zancadas los acontecimientos históricos. Y, tal como habían tomado carrerilla, quién sabe, quizá calzadas en los pies desnudos de alguien llegaran incluso hasta el siglo XXI.
En su autobiografía había escrito que, antes del 9 de Septiembre, había sido pastor de ovejas, que había hecho toda clase de trabajos de jornalero y que la libertad lo había encontrado en el campo. En realidad, la libertad los había encontrado a todos en el campo: la recibieron de pie, apostados en el antiguo túmulo de Ilinets.
Para cada uno de nosotros, lector, la libertad tiene un rostro distinto. El primer día podía tocarse con los dedos; era algo material, algo que podías llevarte como recuerdo, por ejemplo, recogiendo un casquillo vacío. Pero en los días siguientes se bifurcó por los alrededores y ya solo podías sentirla, como se siente el olor del heno de finales de otoño acumulado junto al río; tocarla con los dedos, ya no podías.
Pero nosotros fuimos testigos de cuántas manos impuras se tendieron hacia ella, de cuántas balas se dispararon contra su cuerpo, de cuántos golpes recibió de improviso. Eran golpes traicioneros y sordos; con cada golpe, la libertad se estremecía, y nosotros nos estremecíamos con ella, porque día tras día fuimos comprendiendo que la Libertad éramos, en realidad, nosotros: nuestra vida, nuestras casas, nuestros hijos, nuestros bosques, nuestros rebaños, dispersos por los claros de las montañas, nuestros cobertizos sin terminar, nuestras trilladoras echadas a perder y amontonadas bajo el cobertizo después de la nacionalización, nuestros indefensos campos de algodón."



El Poder de la Palabra
epdlp.com