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El cemento (fragmento) "En la fábrica, después de la partida de Gleb, continuaba la fiebre de las reparaciones. Las ventanas y los tejados de las naves aún bostezaban con sus cristales rotos; en las paredes de hormigón todavía ennegrecían los agujeros entre jirones de armadura oxidada, y dentro, en aquellas entrañas en penumbra, bajo las estrellas de las bombillas eléctricas, gemía y tamborileaba el eco de los martillos y los taladros, del chirrido, del repiqueteo y del chapoteo del metal. Trabajaban todas las fuerzas obreras disponibles: doscientas personas. La reparación del horno rotatorio exigía una atención especial. Había que volver a remachar el revestimiento de acero y rehacer por dentro la capa refractaria. Había que volver a fundir las pequeñas piezas metálicas de la trituradora, del molino, de los transportadores de cadena y de los complicados mecanismos de transmisión. Los depósitos para la pasta líquida habían sufrido grandes desperfectos: allí había que hacer nuevos agitadores giratorios y cambiar sistemas enteros de tuberías, de extrañas rejillas cilíndricas y de toda clase de dispositivos entrelazados, de madera y metal, ligeros en sus líneas y dibujos. Donde menos trabajo había era en la nave electromecánica y en la sala de máquinas. Allí estaba Brynza. Vivía Brynza: vivían también las máquinas. Los hombres, azules por el polvo, se agitaban, reptaban alrededor de los hornos, saltaban por los entramados, por los encajes de travesaños, escaleras y parapetos, atornillaban, cortaban, serraban hierro y cobre, se enredaban en las redes de cables, gritaban y se ahogaban por el polvo, por el bochorno, por aquella súbita y violenta sacudida del trabajo. En la segunda vía principal el trabajo avanzaba con más calma y silencio. Cambiaban los raíles en distintos lugares, reparaban los viaductos y limpiaban las vías de piedras y grava. La fábrica seguía en medio del polvo y el abandono, pero ya por todas partes se sentían su respiración y el primer temblor de las máquinas. En las naves mecánicas, día y noche, los diésel resoplaban y rugían sin cesar." epdlp.com |