The Everlasting (fragmento)Alix E. Harrow
The Everlasting (fragmento)

"El tejo se yergue en el bosque como una gran reina anciana, con las ramas deformadas por el paso del tiempo y la cabeza inclinada por el peso de su corona. En la veta nudosa de su tronco se dibuja el rostro de una mujer, con ojos supurantes, y en su duramen, una espada clavada tan profundamente que solo queda visible la empuñadura. Creo que ya sabes el nombre de esa espada; ¿quién no?
Dicen que el tiempo transcurre de forma extraña bajo el tejo. Dicen que muchas cosas se pierden allí, entre sus raíces enmarañadas: años, corazones, vidas. Pero también dicen que algunas cosas se encuentran: destinos y fortunas, comienzos y finales.
Y, una vez, una niña. Tú también sabes su nombre, o al menos uno de ellos.
Cuando el leñador la encontró, aún era rosada y no tenía dientes, y se preocupó. No tenía por qué haberse preocupado; creció rápido y sana, como suelen hacerlo los animales salvajes.
De niña era pura picardía, con las yemas de los dedos manchadas de bayas de tejo y el cabello ligero y delicado como el vello de un diente de león. De joven se volvió solemne, estudiando el bosque como una santa estudia la palabra. De él aprendió todo.
Aprendió a correr como corre el ciervo y a quedarse quieta como se queda quieta el azor; a acechar y a nadar, a luchar y a silbar; a desaparecer tan completamente que ni su propio padre pudiera encontrarla y a matar con tanta limpieza que no dejara más que un mechón de pelo y el olor metálico de las entrañas.
Era fuerte y arrogante en su fuerza. Era una leona joven, una niña-rey, una señora de los bosques salvajes.
Y sin embargo, ella no era nadie. No era nada, hija de nada, heredera de nada. Simplemente otra más de la innumerable e insignificante gente del Dominio, cuyo nombre no sería olvidado solo porque nadie lo había aprendido jamás. Moriría una muerte pagana, sin bautizar ni confesar, de modo que ni siquiera Dios la recordaría."



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