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El poema en sí mismo "Desde el silencio perfecto estalló silenciosamente. Cuando los brillantes restos se quedaron quietos, allí estaba. Invisible, inaudible; sólo los trazos de tinta lo delataban. Delatar es la palabra. Desde allí se desplazó hasta la miseria, virgen regia en un prostíbulo, improbablemente intacta. Tuvo sus seguidores, proxenetas, incluso sus amantes. El hombre responsable murió, finalmente. Cuando el polvo de su cerebro abandonó los huesos, el vínculo se rompió. Escapó hacia sí mismo. Ya no respondió. En la estantería, junto al tictac del reloj, en los negros rimeros de medianoche: ahí está. Una luna para todas sus mareas." epdlp.com |