El santo viaje (fragmento)Arij Prins
El santo viaje (fragmento)

"En una silenciosa tarde de invierno, con el frío después de la nieve, la ciudad cargada de blanco, construida junto al castillo —unas pocas calles alrededor de una plaza en la que se alzaba la iglesia. La esbelta torre, de una sola pieza, ennegrecía gris sobre la blancura pura como si una construcción aérea hubiera surgido en un maravilloso sueño.
Una vaga claridad atravesaba la blancura del suelo, y la plaza invernal, muerta, con sus elevaciones y depresiones, parecía como si la nieve ondulara: un mar de espuma inmóvil que desaparecía en la noche.
[...]
Como si una niebla se alzara en la mañana temprana, atravesada por la blancura del sol, así se plateaba el vapor que había sido la oscuridad. Y ante el caballero descendió, envuelta en resplandor celeste, la figura de una Mujer, con una aureola alrededor de la cabeza que flotaba como un anillo de brillo dorado. Era una aparición maravillosa de santa belleza en medio de la bruma; tan delicadas eran sus formas, visibles a través de un vestido que, castamente, las envolvía. La pureza se plegaba en torno a ella como un adorno de niebla blanca, tan ligero como si estuviera tejido de nieve, envolviendo la pureza de un ser más puro que una virgen; y había en su cuerpo una dulzura tan delicadamente voluptuosa dentro de su castidad que no parecía humana.
El caballero sintió reverencia, y sus labios temblaron en silencio, estremecidos por sollozos como los de un niño atemorizado. Inclinó con timidez su cabeza fatigada, pues no podía soportar, en su condición pecadora, la luz de Ella. Su alma estaba inquieta, como un ave nocturna sorprendida por el sol. Y permaneció largo tiempo inmóvil, en silencioso arrepentimiento por cuanto había sucedido y que ahora pesaba tan gravemente sobre su corazón."



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