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Kyvadla věčnosti (fragmento) "—Mi vida —dije yo—, pero es inútil hablar. —¡Tu vida! Habló Erben con una sonrisa. Cada vida tiene un precio. Yo estoy vivo, aunque sufrí, y eso me alegra; si estoy vivo y sano. ¿Acaso no puede un hombre disfrutar de la vida? ¡Y Radíček! Cada día debían dejar que golpeara a la gente con una vara. A menudo me acordaba de Cinkánková, una mujer simpática y sencilla que se las arreglaba con todo, que había cambiado su hermosa figura por una modesta posada y un delantal. Qué mujer tan alegre, honesta, amable, cordial y hospitalaria; hablaba con todo el mundo, era comunicativa, ingeniosa y tenía un corazón bondadoso. En su casa reinaban el orden y la limpieza. Una tarde, desde la mañana hasta la noche, nadie sabía qué hacer, porque cada uno decía que la «sližka» estaba enferma; pero durante la noche se levantó y volvió a dormirse. Cayó sobre mí una tristeza profunda y pesada. Recordé la pequeña casa en la que, hacía ya mucho tiempo, había pasado las fiestas. En el jardín, detrás de la valla, había un patio, y allí, en una tarde festiva, cenábamos bajo los tilos, con una botella de vino. Cinkánková me llevaba allí comida, empanadas, cerveza; sonreía tiernamente y se marchaba como una sombra. Fielmente observaba por dónde iba el ganado, por todas partes; me preguntaba si tenía hambre, si no me aburría, si hablaba demasiado. Me preguntaba si quería beber, si había bebido demasiado; cuando le parecía que tenía los ojos húmedos, me daba un vaso de agua. Con una palabra amable no dejaba de conmoverme; con su mirada afectuosa no me daba motivo alguno de reproche. Nunca me olvidó; no había olvidado ni un solo detalle de mi vida y, finalmente, un día me preguntó por qué no había venido a visitarla durante tanto tiempo. ¡Ah, entonces un hombre se da cuenta de lo mucho que le debe a la gente buena! No me disgustaba; estaba lleno de recuerdos y, cuando los veía ante mis ojos, me sentía agradecido por todo, reía con ellos, hablaba con ellos y recordaba todo lo que había vivido. El sol se ponía, no podía conciliar el sueño; las ramas, agitadas por el viento, me despertaban..." epdlp.com |