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Zenobi (fragmento) "La noche después de la recepción del rey, Zenobi y Meerengel se encontraron en la ciudad y pasaron juntos una hora de animada y distinguida conversación. Zenobi, todavía resplandeciente con el brillo del día, veía en la magnífica iluminación la prolongación de su triunfo hacia la noche y hacia el futuro, mientras Meerengel, en sincera admiración, devolvía como un satélite aquella luz que irradiaba de él. —Me alegra —aseguró— que el rey haya sido recibido por un verdadero representante de nuestra ciudad... No se cansaba de preguntar una y otra vez a Zenobi por los detalles más nimios del encuentro y de la conversación, y nada le importaba que, al repetirlos, aparecieran cada vez nuevas variantes y ampliaciones. Escuchaba como un niño que quiere dejarse sorprender una y otra vez por los giros de un cuento que ya conoce y que sólo desea demorarse, con un gozo desbordante, en aquella felicidad. Pero cuando, ya bastante tarde y después de prolongadas y desmedidas conversaciones, regresaron a casa, encontraron a la familia todavía despierta y sumida en aquel profundo abatimiento que sigue a una gran conmoción. La señora Mager seguía sentada, con el sombrero y la capa con que había regresado de la ciudad hacía una hora; estaba abatida sobre una silla y rechazaba en silencio, con movimientos de cabeza, las desconcertadas explicaciones de Regine. Rosa tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar, y Fanny permanecía absorta ante una carta que tenía delante, sobre la mesa redonda, bajo la lámpara. A la pregunta, formulada con espanto, supieron los recién llegados que Annie había desaparecido. Se había marchado ya por la tarde, supuestamente a casa de una familia amiga que la había invitado a pasar con ellos la velada. Sabía que su madre y sus hermanas irían aquella noche a la ciudad a contemplar la iluminación, y había aprovechado la ocasión para llevar a cabo un plan que, por lo visto, llevaba largo tiempo preparando. A la pregunta, formulada con espanto, supieron los recién llegados que Annie había desaparecido. Se había marchado ya por la tarde, supuestamente a casa de una familia amiga que la había invitado a pasar con ellos la velada. Sabía que su madre y sus hermanas irían aquella noche a la ciudad a contemplar la iluminación, y había aprovechado la ocasión para llevar a cabo un plan que, por lo visto, llevaba largo tiempo preparando. Por la noche, cuando supo que aquellas ya se habían marchado, había regresado a la casa y, con toda calma —como podía deducirse del orden que reinaba en la habitación que compartía con Fanny—, había recogido varias de sus pertenencias y, en una carta que dejó sobre la mesa, había comunicado de manera bastante breve y brusca que se marchaba y que pronto daría a conocer ella misma dónde se encontraba. Entretanto, rogaba encarecidamente que no intentaran averiguar su paradero ni ponerle obstáculos, pues eso no haría sino empeorar las cosas y la «llevaría a la desgracia». Se sentía suficientemente independiente como para valerse por sí misma. En casa de la familia amiga, adonde Fanny había acudido precipitadamente en el primer momento de alarma, le dijeron que su hermana había estado allí por la tarde para anunciar que pasaría la velada con ellos, pero que después no había vuelto." epdlp.com |