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La jaula (fragmento) "Puro no tenía permitido salir de casa sola. Mucha gente iba y venía entre los dos pueblos vecinos y su madre temía que la gente del pueblo de Ramchand pudiera ver a su hija. Había otra razón para ser cautelosa: los musulmanes se habían vuelto muy agresivos. Las niñas hindúes nunca se aventuraban fuera excepto a plena luz del día. Puro a menudo cruzaba los cultivos de su padre y se desviaba por el camino que conectaba los dos pueblos. Deambulaba por los terrenos vecinos, con el pretexto de recoger espinacas. Algunas veces iba hasta el árbol jamun, agitaba sus ramas y dedicaba un buen rato a recolectar la fruta. Mantenía a sus amigos cotilleando mientras ella observaba el camino que llevaba al pueblo de Ramchand. Rezaba para que Ramchand pudiera venir por allí, así tendría oportunidad de verle bien. Este pensamiento aceleraba su corazón. Y luego pasaba la noche pensando en el joven que pronto iba a convertirse en su marido. Un día cuando Puro salió con sus amigas, llevaba unas nuevas zapatillas que rozaban sus talones. Los pies le dolían, empezó a rezagarse. Sus amigas volvieron al pueblo. El crepúsculo oscurecía el cielo como un montón de plomo derretido. El camino corría en zig-zag a través de tierras en barbecho, bajo arboledas de árboles peepul y bordeaba un grupo de arbustos. Puro vio a sus amigas muy lejos de ella. Una herida grande había crecido en su talón derecho. Se quitó las zapatillas y se apresuró descalza. Las chicas habían bromeado con Puro diciéndola que su pie derecho dolía porque su lado derecho era más pesado que el izquierdo. Le dijeron que su mano derecha también era más grande que la izquierda. “Ya verás cuando te pongan las pulseras de boda en tus brazos”, le dijeron traviesamente. Estaba viendo que ocurría delante de sus ojos; las chicas forzaron en sus brazos pulseras rojas de marfil; las mayores salieron fácilmente; las más pequeñas subieron por su brazo izquierdo, pero no pudieron entrar por la mano derecha. El barbero, ese era uno de sus trabajos, podría engrasar su mano con aceite y tratar de forzar su mano a través de la pulsera de marfil. ¿Podría soportar el esfuerzo? La pulsera era el símbolo de la dicha marital. Si una se rompía, era una señal segura de que un desastre iba a llegar — tal vez una joven viudez. Puro miró enfadada su mano derecha. Rezó para que Ramchand viviera muchos años —hasta cien mil años o más. Puro andaba perdida en sus pensamientos. Un hombre apareció desde detrás de un árbol peepul y se quedó en medio del camino, bloqueando su paso. Era un chico musulman, Rashid. Era un joven de cuerpo fuerte de apenas veinte años. Sus labios estaban curvados en una sonrisa malvada. Sus ojos se clavaron en los pechos aún sin formar de Puro. Puro gritó y corrió pasando a Rashid. Cuando alcanzó a sus amigas a las afueras del pueblo estaba sin aliento y aterrorizada." epdlp.com |