Home | Literatura | Arte | Música | Arquitectura | Cine | Premios | Donativos E-Mail E-mail   Colaboraciones Textos   Disclaimer Disclaimer  
El Poder de la Palabra es un portal dedicado a la cultura. Comenzó su andadura en 1998 mostrando diferentes autores literarios. El sitio web fue creciendo y se amplió con lo mejor de otras áreas de la cultura, arte, arquitectura, cinematografía y música.
       6431 escritores - 2648 compositores - 1960 directores - 1216 pintores - 1025 arquitectos  
 
Tommaso_Landolfi Héctor_Bianciotti Cyriel_Buysse Holger_Drachmann Victoria_Kent Ernest_Hemingway Roger_Martin_du_Gard Robert_Louis_Stevenson Olga_Tokarczuk Sam_Shepard Larissa_Reissner Jules_Verne
    
 

ARTE
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Obra
Museos

MUSICA
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Obra
Cantantes
Intérpretes
Bailarines
Orquestas
Top Clásica
Operas
Teatros
Álbumes

ARQUITECTURA
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Edificio
Ciudades
Rascacielos

CINE
Compositores
Directores
Galardones
Films
Escenas

OTROS
Equipo Epdlp
Nos Felicitan


6431 escritores
2648 composit.
1960 directores
1216 pintores
1025 arquitectos
155 cantantes
118 intérpretes
138 escultores

13784 textos
10362 films
6463 edificios
6108 obras arte
4250 composic.
687 óperas
446 álbumes
193 galardones

 



Música de la semana
Xavier Benguerel
(España, 1931-2017)
Concierto para percusión y orquesta (1975)

Banda sonora de la semana
The Book of Henry, 2017
(Michael Giacchino)
Escuchar
Compositor de la semana
Jean Prodromidès
(Francia, 1927-2016)
Escuchar

Escenas inolvidables de la historia del cine
El Espinazo del Diablo, 2001
(Guillermo Del Toro)
Ver



Texto de la semana
Jón Kalman Stefánsson
(Islandia, 1963)
La tristeza de los ángeles (fragmento)
" Ese hombretón, que no teme ningún temporal, que ha sido azotado por toda clase de tormentas en las travesías de montaña más peligrosas sin rendirse nunca, está paralizado por el pánico. Le tiene miedo al mar, había dicho Helga, pierde la cabeza, ahora el muchacho entiende a qué se refería. El viento aumenta, ellos siguen remando, el mar se revuelve en torno al bote, se oye un ruido parecido al respirar de una bestia gigantesca, el océano pocas veces permanece en silencio y las olas forman valles cada vez más hondos. ¡Sigue remando a mi ritmo!, brama el muchacho, obligado a gritar para hacerse oír, justo cuando el mar y el viento están a punto de perder la paciencia con ellos, ¿qué estáis haciendo aquí?, bufa el viento, y las olas se alzan y rompen. ¿Me oyes?, vocifera el muchacho de nuevo sin dejar de remar, sin aminorar la marcha, sin ceder ante el creciente cansancio, la falta de aliento, ¡me oyes, Jens!, grita con todas sus fuerzas, y el cartero emite un gruñido parecido a un sí. ¡Esto está hecho!, grita el muchacho con voz potente, en un tono calmado y neutro, como si de repente hubiese madurado y hubiera desaparecido toda la tensión, sólo tenemos que seguir con este ritmo, remar acompasados, así mantenemos el bote en movimiento, así seguimos avanzando y… las olas no nos romperán encima, ¡simplemente no pares! Iba a decir que de ese modo había menos posibilidades de que el oleaje rompiera sobre el bote, pero se da cuenta a tiempo de las implicaciones de la palabra menos, que sin duda habrían aumentado el terror de Jens, que no responde nada y continúa remando al ritmo del muchacho. Los dos hombres se mecen hacia delante y hacia atrás como el péndulo de un reloj, si pararan, el tiempo se detendría y morirían. El bote sigue avanzando, alzándose contra el viento incesante, sobre el mar erizado. El muchacho sigue remando, concentrado, el miedo del cartero, ese gigante taciturno, le da confianza en sí mismo, aumenta su fuerza, se olvida del abismo negro bajo sus pies, aunque sea un cofre de peces y marineros ahogados y no falte mucho para que acoja a dos más. Las vidas de los hombres son una vibración en el aire, pasan tan rápido que los ángeles se las pierden si parpadean. Jens mira fijamente hacia delante, se mueve como una máquina, no aparta los ojos de la espalda verde del muchacho y así intenta obviar la existencia de ese mar insaciable de negrura abismal. Los dos tienen las manoplas caladas, las caras mojadas de agua de mar, y les escuece la sal. "

Novedades
Página optimizada para una resolución de 1024 x 768 - copyright © 1998-2017, epdlp. Todos los derechos reservados