Home | Literatura | Arte | Música | Arquitectura | Cine | Premios | Barcelona E-Mail E-mail   Colaboraciones Textos   Disclaimer Disclaimer  
    El Poder de la Palabra es un sitio cultural que comenzó su andadura en 1998 mostrando diferentes autores literarios. El sitio web fue creciendo y se amplió con lo mejor de otras áreas de la cultura, arte, arquitectura, cinematografía y música. La base de datos con la información contenida no para de crecer, pero lamentablemente el coste cada vez mayor del servidor nos obliga a pedir donativos para pagar el servicio de alojamiento. Gracias a todos.
       4888 escritores - 2366 compositores - 1741 directores - 1104 pintores - 694 arquitectos  
 
Tommaso_Landolfi Héctor_Bianciotti Cyriel_Buysse Holger_Drachmann Victoria_Kent Ernest_Hemingway Roger_Martin_du_Gard Robert_Louis_Stevenson Olga_Tokarczuk Sam_Shepard Larissa_Reissner Jules_Verne
    
 

ARTE
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Obra
Museos

MUSICA
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Obra
Cantantes
Intérpretes
Bailarines
Orquestas
Top Clásica
Operas
Teatros
Álbumes

ARQUITECTURA
De la A a la Z
Por Epoca
Por Países
Por Edificio
Ciudades
Rascacielos

CINE
Compositores
Directores
Galardones
Films
Escenas

OTROS
Equipo Epdlp
Nos Felicitan
Agenda
FAQ

4888 escritores
2366 composit.
1741 directores
1104 pintores
694 arquitectos
147 cantantes
110 intérpretes
117 escultores

9855 textos
8093 films
5340 edificios
5308 obras arte
3482 composic.
676 óperas
379 álbumes
170 galardones
 



Música de la semana
George Gershwin
(EEUU, 1898-1937)
Obertura Cubana (1932)

Banda sonora de la semana
Mr. Lucky, 1959
(Henry Mancini)
Escuchar
Compositor de la semana
Howard Blake
(Gran Bretaña, 1938)
Escuchar

Escenas inolvidables de la historia del cine
Siete Ocasiones, 1925
(Buster Keaton)
Ver



Texto de la semana
William Faulkner
(EEUU, 1897-1962)
Mosquitos (fragmento)
" Siguió caminando por el polvo a lo largo de un interminable camino fulgurante; entre pinos que semejaban estallidos fijos en la tarde, una tarde de insoportable luminosidad. Sus sombras informes, fundidas, les precedían. Dos pasos más y él las pisaría, como a las sombras de los pinos; pero aquéllas seguían delante de él entre los fundidos baches, guardando las distancias, sin esfuerzo alguno, en el escabroso polvo. Este era tan fino como la pólvora; sólo aparecía en él una ocasional huella de cascos, un desvanecido espectro de un paso olvidado. Por encima, el implacable cielo metálico daba sobre su cuello doblado y sobre su espalda, su mejilla restregándose monótonamente contra su cuello. Finas lenguas de fuego le mordían continuamente. David seguía impasible. El polvoriento camino vibraba dentro de sus ojos, pasaba bajo sus pies y quedaba atrás como una infinita cinta. Descubrió que tenía la boca abierta y seca, y sus encías como el papel de los cigarrillos. Cerró la boca, tratando de humedecer las encías.
Árboles sin copa iban delante de él o se quedaban atrás; la maleza junto al camino se aproximaba y se tornaba monstruosa, hoja por hoja. Las lagartijas siseaban antes de desaparecer.
El fuego invisible le quemaba, pero él no lo sentía porque ni en sus hombros ni en sus brazos quedaba otra sensación que la del peso de ella sobre la espalda y el cielo de bronce sobre su cuello y la húmeda mejilla de ella restregándose continuamente contra su nuca. Descubrió que tenía otra vez la boca abierta, y la cerró.
—Ya es bastante —dijo ella, despertando de pronto—. Bájame. —Sus sombras fundidas se mezclaban a intervalos con las de los altos árboles sin copa, pero detrás de la sombra de los árboles su sombra volvía a aparecer dos pasos delante de él y el camino seguía fulgurante, abrasador y más blanco que la sal—. Bájame, David.
—No —dijo entre dientes, seco, áspero, por encima del remoto latir de su corazón—, no estoy cansado.
Su corazón seguía un extraño ritmo. Cada latido parecía estar en algún lugar de su cabeza, detrás de sus ojos; cada latido era una marca roja que oscurecía temporalmente su visión. Cuando esa marea terminaba, otra ola opaca lo cegaba por momentos. Todo remoto, como una formación de soldados con uniforme rojo que cruzaban ante donde él estaba agazapado, en un cuarto, tratando de cerrar la puerta. Era un sonido pesado, opaco, como el de las máquinas de un barco de vapor. Descubrió que estaba pensando en el agua, en una azul monotonía de mares. Era un rumor rojo, justo detrás de sus ojos. "

Novedades

Cumplen años
 
Página optimizada para una resolución de 1024 x 768 - copyright © 1998-2015, epdlp. Todos los derechos reservados